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Violencias invisibles ejercidas contra las mujeres en movimiento

Violencias invisibles ejercidas contra las mujeres en movimiento

               El mes de noviembre se convierte en la época del año en la que el grito contra las violencias que sufren, cada día, millones de mujeres en todo el mundo se hace más patente, es más fuerte y atronador. En ocasiones, sólo nos fijamos en las frías cifras del número de denuncias y de mujeres asesinadas a manos de sus maridos o parejas, o de sus ex, pero esta forma de violación de Derechos Humanos que es la violencia machista va más allá. Es una violencia que ejercen algunos hombres hacia mujeres, de distintas maneras, por razón básicamente de su sexo y de ese afán de ciertos varones por sentirse superiores o incluso dueños de la vida de una mujer.

            Por desgracia, la violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones más generalizadas de los Derechos Humanos a nivel internacional. Tiene lugar en todos los entornos sociales, económicos, culturales y religiosos. Se ha convertido en un fenómeno pernicioso que asume una desalentadora variedad de formas de ejercer violencias hacia las mujeres, algunas de ellas son más invisibles y quedan, a veces, fuera del foco mediático. Y es ahí adonde quiere llegar este artículo: a mostrar otras manifestaciones de violencia hacia mujeres y niñas.

          Una de ellas se produce en el ámbito de la movilidad humana y, más en concreto, en el de los millones de personas refugiadas y desplazadas que hay en la actualidad. Solo en el caso de personas refugiadas que huyen del conflicto armado en Siria, se estima que las niñas y las mujeres representan más del 50 por ciento de un total de 4,8 millones. Ser niña o mujer aumenta considerablemente el grado de vulnerabilidad y el riesgo de sufrir violencias, tanto en origen como en tránsito, y también en destino, en ciudades como las nuestras. Donde están presentes niñas, adolescentes y mujeres son imprescindibles actuaciones para poder protegerlas de agresiones y de la violencia en general.

             En este contexto se ha producido un incremento de casos de matrimonio infantil y de embarazos no deseados, lo que supone riesgos para la integridad física y emocional de la niña o adolescente y graves riesgos para su salud. Está demostrado cómo gran parte de esas niñas que se casan antes de la mayoría de edad están más expuestas a ser víctimas de violencia física o sexual por parte de sus esposos y a limitaciones en el acceso a servicios de salud y educación.

         Capítulo aparte es el de cómo no se contemplan especificidades concretas referentes a la salud de niñas, adolescentes y mujeres refugiadas, durante su largo y difícil periplo o ya en campos de refugiados: desde las cuestiones relativas al ciclo menstrual o el embarazo hasta el acceso a una cierta intimidad a la hora de encontrar un lugar donde dar de mamar a sus criaturas con tranquilidad, así como de dignidad a la hora de buscar un espacio donde hacer sus necesidades o asearse. Justo en esos momentos, muchas veces de noche y en lugares solitarios, hay hombres que aprovechan para asaltar a mujeres y abusar sexualmente de ellas. Esto también es violencia contra las mujeres, refugiadas en este caso, pero sobre lo que poco se nos cuenta en los medios de comunicación.

              Más conocida es la triste historia de niñas y mujeres víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, muchas de las cuales acaban siendo explotadas sexualmente por mafias en clubes de carretera o en pisos de pueblos y ciudades de países como España y donde acuden hombres-clientes, convirtiéndose así éstos, de alguna forma, en cómplices y responsables de esta forma de esclavitud en pleno siglo XXI. Las niñas y mujeres refugiadas y desplazadas tienen, desafortunadamente, un alto índice de ser objetivo de las redes de trata de personas con fines de explotación sexual o laboral, sobre todo aquéllas no acompañadas o que viajan solas, sin familia.

              Por tanto, sin ánimo de mostrase compasivo ante estos hechos, se ha de alzar la mirada y visibilizar tanto las necesidades como las vulnerabilidades específicas de las mujeres y las niñas refugiadas y desplazadas, que en contadas ocasiones son un elemento principal de la planificación e implementación de programas de apoyo e intervención, que garanticen su seguridad y autonomía. Poco a poco, esta cuestión se va mejorando y se opta por mecanismos de empoderamiento y de protección y fomento de la resiliencia entre estas niñas y mujeres.

         Ellas no han de ser vistas sólo como víctimas directas e indirectas de situaciones de crisis (guerras, persecuciones, desastres naturales, flujos migratorios…) sino que su papel es vital en la construcción de sociedades más justas y saludables, o en los procesos de paz, como el colombiano, en el que, por primera vez en un acontecimiento de esta índole, se creó una subcomisión de género para dar voz a mujeres y personas con identidad sexual diversa, es decir, a miembros de las comunidades LGTBI.

          Las niñas y mujeres han tenido, y siguen teniendo, un fuerte impacto en la nueva cartografía de las migraciones. Y no podemos fallar en esa tarea de brindar, por justicia y por Derechos Humanos, una nueva oportunidad para estas personas, alejada de estigmatizaciones y discriminaciones por razón de género.

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               Pintura de Yolanda Valdés

Cambiar actitudes y mentalidades sobre temas de género no es nada fácil. No obstante, concienciar sobre las violencias contra niñas y mujeres es una exigencia urgente e inmediata. Más que concienciar hay que educar a niños y a hombres para que consideren a las niñas y mujeres como personas situadas en un plano de igualdad en la vida pública y privada. Ahí radica una de las claves. Se trata de tareas esenciales para democratizar nuestras sociedades, y pueden ser tan importantes como la adopción de medidas jurídicas para proteger los derechos de las mujeres.

#25N #ContraLaViolenciaDeGénero #MujeresenMovimiento

     *Artículo elaborado por José Manuel Rodríguez Pizarro (AECOS) para la Coordinadora Extremeña de ONGD, por el Día de la Violencia de Género.

 

 

 

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