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Posicionamiento de la Coordinadora de ONGD sobre las Alianzas Público Privadas para el Desarrollo

Posicionamiento de la Coordinadora de ONGD sobre las Alianzas Público Privadas para el Desarrollo

 

 

 

Cuando hablamos de APPD (Alianzas Público-Privadas para el Desarrollo), nos referimos en este documento específicamente a las iniciativas de colaboración conjunta con fines de desarrollo, entre cualquier Administración Pública vinculada a dichos fines, y el sector privado entendido específica y exclusivamente como sector privado empresarial o el conjunto de empresas privadas interesadas en ejercer su rol como actores de desarrollo a partir de un alianza formal, para este fin, con el ámbito de lo público.

 

A este respecto, desde la Coordinadora queremos llamar la atención sobre la afirmación que hace el IV Plan Director de la Cooperación Española, que se refiere al sector privado con las siguientes palabras: “El sector privado empresarial contribuye a la generación de riqueza, emplea a una gran parte de los trabajadores, desarrolla y comercializa productos y servicios esenciales para la vida de muchas personas, y atesora un enorme caudal de talento y creatividad… es (por tanto) un actor reconocido por el sistema español de cooperación para el desarrollo.” (IV PD n.123).

 

Esta afirmación es sólo relativamente verdad. Se puede crear riqueza sin que eso signifique mejorar las condiciones de vida de las personas del lugar en el que se instala una empresa. Se puede crear empleo sin que éste sea decente. Se pueden producir bienes y servicios violando derechos humanos o provocando impactos negativos sobre el medio ambiente. Por eso, desde la Coordinadora, entendemos que ser generador de riqueza económica no significa necesariamente ser generador de desarrollo humano y sostenible.

 

Por tanto, ¿Cuándo podemos considerar a una empresa privada actor de desarrollo humano y sostenible? Cuando dentro de su lógica empresarial de crear riqueza y generar beneficio, al mismo tiempo y en el mismo proceso crea empleo decente, invierte e innova, cumple de forma estricta con las obligaciones fiscales y demás obligaciones que deriven del marco legal del país donde opere, respeta y promueve los derechos humanos, y produce bienes y servicios dentro de los límites de la sostenibilidad ambiental.

En un contexto de recursos públicos decrecientes en los presupuestos de cooperación, cobra cada vez más fuerza la idea de que el sector privado vendría a “compensar” los recursos públicos perdidos, a través de nuevas alianzas, aludiendo a la capacidad de la AOD para apalancar recursos de otros actores. Emergen así con fuerza renovada las APPD como instrumentos de colaboración y los mecanismos de blending (intervenciones en las que se mezclan préstamos con donaciones-grant) dentro de una lógica más vinculada con la cooperación financiera. La Agenda para el Cambio de la Unión Europea acoge estos planteamientos y orienta la participación del sector privado en el desarrollo en esta dirección. En paralelo, además, hay un desprestigio o falta de credibilidad de lo público, también como actor fundamental del desarrollo.
Desde la Coordinadora de ONGD defendemos la cooperación como una política pública y de Estado, y por tanto entendemos que cualquier recurso privado destinado a la cooperación lo ha de ser con carácter de adicionalidad, sin menoscabo de la responsabilidad y el compromiso de los Estados de aportar los recursos públicos necesarios para unas políticas de cooperación dignas, pertinentes, exhaustivas y solidarias.

Aunque parezca nuevo (y así se presenta, poniendo en valor lo novedoso de este tipo de esquemas) no lo es. El sector privado lleva tiempo en escena (como licitador proveyendo bienes y servicios con cargo a la AOD, como agente externo con impacto positivo o negativo en desarrollo; como lobby que influye en la forma de las políticas públicas). Lo que sería nuevo, posiblemente, es que tiene un protagonismo y una credibilidad que no había tenido en la última década y que pareciera olvidar las experiencias no necesariamente positivas que hubo en la década de los 90’.

En definitiva, el sector privado puede tener un rol significativo en el desarrollo, siempre y cuando se cumplan determinados requisitos y se tomen en cuenta las lecciones aprendidas.

descargar archivo: POSICIóN_SOBRE_ALIANZAS_PúBLICO_PRIVADAS_COORDINADORA_ONGD_FEBRERO2014

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