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La educación de las niñas, antídoto contra la violencia

Se cumple ahora un mes del secuestro de 276 niñas y jóvenes de una escuela de Chibok, en el Estado de Borno, al noroeste de Nigeria, por el grupo terrorista Boko Haram. Los medios de comunicación se han hecho eco de la estremecedora noticia y las redes sociales se han llenado de fotos de numerosas personalidades con el hashtag Bring back our girls.  No se trata de un caso aislado, sino que son muchos los casos en los que la educación es objeto de violencia, como señala UNESCO en su Informe Una crisis encubierta: conflictos armados y educación.

Sin llegar a esta violencia tan radical y explícita, todavía hoy hay 57 millones de  niños y niñas- 31 millones son niñas- que no tienen acceso a la educación. Solo en Nigeria, hay diez millones de menores sin escolarizar- el 44% son niñas-. De las 774 millones de personas analfabetas en el mundo, dos tercios son mujeres. Tal y como señala UNESCO, sólo el 20% de los países de bajos ingresos tienen igual número de niñas que de niños en primaria. En Sudán del Sur, por ejemplo, una joven tiene el triple de posibilidades de morir de parto que de finalizar la primaria.

Pero estas niñas y jóvenes de Chibok iban a la escuela, sobreponiéndose a obstáculos prácticamente insalvables como la pobreza, el trabajo en el hogar, las prácticas sociales discriminatorias y los entornos inseguros y violentos. Y han sido víctimas de la violencia por ejercer el derecho a  esa educación que les permitirá aumentar sus ingresos en el futuro, obtener un trabajo, evitar los matrimonios tempranos, espaciar los embarazos, ser conscientes de sus derechos o participar en las decisiones que les afectan. En definitiva, transformar sus vidas y las de sus comunidades. Por ello, la violencia contra ellas supone un ataque contra cualquier atisbo de transformación individual o colectiva.

¿Cómo se puede promover la educación de las niñas en condiciones de seguridad y equidad en Nigeria y en otros países del mundo?

Es evidente que el gobierno de Nigeria y la comunidad internacional deben hacer todo lo posible para rescatar a las niñas y jóvenes secuestradas y establecer los sistemas y mecanismos necesarios para que estos delitos no queden impunes.  También deben asegurar la protección de las niñas y garantizar su derecho a la educación gratuita y de calidad.  En Nigeria y en otros países hay que destinar la suficiente inversión y aplicar incentivos y becas para niñas y jóvenes. Hay que tomar medidas para que las escuelas sean lugares accesibles, seguros y libres de violencia. Es necesario propiciar que las escuelas sean espacios de aprendizaje con calidad y con equidad y procurar formación a docentes para que sean sensibles a las cuestiones de género, contratar a maestras que puedan servir como modelos y eliminar los estereotipos sexistas de los currículos, los materiales de enseñanza, las prácticas docentes o la gestión de las escuelas.

No hay nada más transformador de una realidad injusta, no hay mayor antídoto contra la violencia y la sinrazón, que la educación de las niñas y las mujeres. Como bellamente expone Malala Yousefai, la joven activista pakistaní tiroteada por los talibán por ejercer su derecho a la educación: “Libremos una gloriosa lucha contra el analfabetismo, la pobreza y el terrorismo, levantemos nuestros libros y nuestros lápices, pues son las armas más poderosas. Una niña, una maestra, una pluma y un libro pueden cambiar el mundo. La educación es la solución“.

Y para saber más el Informe de Entrueculturas de 2011, Las niñas a clase

(Entrada ha sido escrita por Valeria Méndez de Vigo (@vmendezdevigo) en http://blogs.elpais.com , responsable del departamento de Estudios e Incidencia de @entreculturas

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